El mimbre es un material natural obtenido de las ramas jóvenes y flexibles de varios tipos de sauces, utilizado desde la época romana para elaborar cestos. Su recolección se realizaba de forma natural en las zonas húmedas y riberas de los ríos. La creciente demanda de cestería de calidad a comienzos del siglo XX impulsó la creación de plantaciones en toda Europa.
En la provincia de Cuenca, especialmente en las vegas de la Serranía y la Alcarria, el mimbre cubrió grandes superficies, proporcionando sustento a muchas familias hasta que, en las décadas de los años 60 y 70, la caída de la demanda provocó su sustitución por cultivos más rentables.
Actualmente, Cuenca es el principal productor de mimbre en España, representando cerca del 80 % de la producción nacional. Sin embargo, la superficie cultivada apenas alcanza las 600 hectáreas, localizadas principalmente en las cercanías de Beteta y Cañamares, junto a las vegas de los ríos Guadiela y Escabas.
Aunque la mecanización es limitada y el mimbre ha sido desplazado por materiales más modernos, el cultivo persiste. Su uso en la fabricación de mallas de sombreo y piezas decorativas permite que su cultivo siga manteniéndose.
El mimbre también es un reclamo turístico cuando, a finales de noviembre y cerca de la fecha de recolección, las plantaciones se tiñen de tonos rojizos y púrpuras, cubriendo el campo y contrastando con los fríos colores invernales de la sierra. Este espectáculo de color es un atractivo visual único que invita a visitantes y fotógrafos a descubrir la belleza de la provincia de Cuenca, donde el cultivo del mimbre sigue siendo un símbolo de la identidad local.
Beteta es uno de los municipios que conforman la Ruta del Mimbre que se inicia en el pueblo de Albalate de las Nogueras.



